La Tomaquera

Hace varios meses, nuestrxs compañerxs, Nadia Jabr y Mohammad Alxarcawi, no tuvieron más remedio que convocar a los colectivos antirracistas de la ciudad de Barcelona para poner en marcha una estrategia de autodefensa colectiva ante el asedio racista sufrido en la casa okupa donde vivían y, afortunadamente, aún viven.

Tras organizarnos como grupo de apoyo, formado mayoritariamente por mujeres racializadas y migrantes, pudimos ver con nuestros propios ojos que en el edificio en el que sucedía todo, vivía una mayoría de personas racializadas en la blanquitud con una trayectoria más o menos extensa en los movimientos sociales blancos autollamados de izquierda radical. La mayoría de estas personas eran mujeres que se definían como feministas e incluso como antirracistas. Tal y como él mismo nos contó detalladamente, Mohammad vivió, desde el inicio de la convivencia, un conjunto de violencias racistas ejercidas por el grueso del grupo dominante en la casa que denunció en numerosas ocasiones sin recibir respuesta alguna. Las personas racializadas en la blanquitud que violentaban a Mohammad (de aquí en adelante los racistas) aceptaban que en el edificio había racismo, pero se negaban a aceptar de forma absurda que hubiera racistas. Ninguno de los habitantes del edificio interpelados por Mohammad asumió su posición ni sus acciones. A lo sumo, se limitaron a aclarar que el racismo, efectivamente, existe, pero era ajeno a ellos. Los racistas empezaron a poner en marcha una campaña de ataque a Mohammad usando la ideología del feminismo blanco.

La razón del manifiesto

Mohammad, hombre moro que resistía de forma intensa y decidida a los ataques, se convirtió para los racistas en un machista, violento y manipulador. Decían sentirse incomódos con las acusaciones de Mohammad y leían sus denuncias de racismo en el edificio como ataques machistas. En una asamblea celebrada sin él, decidieron que lo expulsarían de la casa. Nadia se posicionó con Mohammad y los racistas la acusaron de no ser lo suficientemente feminista, de ponerse de parte del “macho”. Desde aquel momento la sometieron a múltiples chantajes, los clásicos del feminismo blanco a las mujeres racializadas: ataca al hombre racializado, posiciónate con nosotras, las mujeres blancas. Nadia se negó y escribió el siguiente manifiesto para denunciar el racismo de esas feministas blancas. Manifiesto que todas suscribimos.

Vuestro feminismo blanco racista no me representa

El feminismo blanco que se atribuye el derecho de expulsar a los hombres utilizando el pretexto del machismo y que, al mismo tiempo, mantiene relaciones de interés con otros hombres blancos racistas y machistas, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco que usa a algunos hombres y mujeres de forma deshonesta y retorcida para imponer sus decisiones déspotas, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco que determina de forma autoritaria la naturaleza de las asambleas y las fechas de las asambleas extraordinarias, así como sus propósitos, sin contar con las personas racializadas que forman parte de la misma, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco que ve en una mujer racializada con una opinión diferente a una mujer sin agencia propia que habla por la boca de un hombre, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco que cierra sus puertas en la cara de una mujer que recibe una violenta amenaza de expulsión de una casa por parte un hombre machista y racista, ese mismo feminismo que abre las puertas al mismo machista racista, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco que quiere convertir un lugar de okupación en un espacio únicamente de mujeres sin consultar la opinión de algunas mujeres invisibilizadas pertenecientes al mismo hogar, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco que demoniza a las personas con opiniones diferentes para echarles, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco que admite que existe el racismo, pero se niega a nombrar a los racistas de carne y hueso, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco que al fin y al cabo reproduce el machismo, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco racista que tiende a analizar las situaciones desde punto de vista que depende del género, pero que no tiene en cuenta en sus análisis también la raza y la clase social, NO ME REPRESENTA.

El feminismo blanco manipulador, hipócrita, racista y violento, NO ME REPRESENTA.

Vivo en una casa okupa que todavía no tiene nombre (algunas la llaman Karmela sin acuerdo). La estructura social de la casa, según mi punto de vista, se resume en lo siguiente:

Un grupo de feministas blancas que tienen el poder dominan las asambleas tomando decisiones arbitrarias y determinando los detalles de la vida en común, usando a las personas de manera directa o indirecta para este fin. Hay también personas que pretenden ser totalmente neutrales ante el abuso, y, por último, hay resistencia de una persona y últimamente dos.

La forma en la que se organiza la casa permite que los problemas y conflictos crezcan.

Exijo que la casa sea un lugar seguro para todxs, un lugar no solo antimachista sino también antirracista.

Un lugar en el que no se facilite la okupación a una clase social turista privilegiada que quiere descubrir Barcelona y se margine de forma premeditada a las personas racializadas, migrantes y que ocupan otras clases sociales.

Un lugar en el que no se utilice con frecuencia frases como (no me siento cómoda) con el fin de marginar y reprimir de forma pasivo-agresiva otras opiniones y voces.

Un lugar en el que no todas las alianzas giren en torno al género sino también se tenga en cuenta la raza y la clase social.

Exijo que entren mediadores político-sociales para ayudarnos a resolver los problemas mencionados y para poner sobre la mesa el problema y destruir la jerarquía racista y autoritaria que hay tras el mismo.

Barcelona, 17 de marzo de 2017

Nadia Jabr, Palestina de Siria. En Damasco trabajó como profesora de música e inglés. Es refugiada en España hace tres años y medio. Traductora y profesora de Árabe.