Piro Rexhepi y Ajkuna Tafa                                                                                                                [english] –>

Las implicaciones de los resultados de la Revolución de Octubre vis-à-vis el mundo colonizado, continúan persiguiendo la práxis del marxismo y la decolonialidad. Los debates entre Dabashi, Nigam y Mignolo, por un lado, y Žižek, Zabala y Marder, por el otro, son quizás lo más ilustrativo del impase de la política de izquierda contemporánea. Para Dabashi, las epistemologías históricas engendradas por la colonialidad han agotado por largo tiempo su propósito de capturar las realidades de lxs actuales sujetos europeos y no europeos, particularmente aquellxs de lxs sujetos colonizados musulmanes que trazan las geografías de pertenencia presentes y futuras.

El centenario de la Revolución de Octubre es un momento apropiado para reflexionar sobre la relación tensa e incómoda entre el Socialismo y el Islam, tanto en sus contornos ideológicos como en sus experiencias vividas. En el largo siglo de experimentación socialista, lxs musulmanes transformaron y transmutaron las prácticas islámicas con y dentro del socialismo, – no se convirtieron simplemente en seculares, como a menudo se supone, en un proceso exclusivo binario de ser socialistas o musulmanes.

Desde el establecimiento del Comisariado Central de Asuntos Musulmanes (MUSKOM) en 1918 en Kazán, hasta las delegaciones islámicas de Albania Socialista visitando el Uzbekistán soviético en la década de 1950, hasta el pensamiento islámico alimentando las luchas de descolonización en África y Asia durante la Guerra Fría y el movimiento Black Power en los Estados Unidos, a la poesía sufí socialista, – las historias entrelazadas de los musulmanes y el socialismo son complejas y en gran parte poco estudiadas.

Pasar a la historia de la solidaridad entre los dos, tanto ideológicamente como en las experiencias vividas, en lugar de enfatizar sus diferencias, sigue siendo una tarea importante para la izquierda hoy. Aunque limitadas, las siguientes historias desplazan la narrativa maestra de dominación y asimilación que ha llegado a definir la vida musulmana bajo el socialismo, dirigiendo la atención hacia la agencia musulmana en la construcción de las sociedades y el pensamiento socialistas.

Musulmanes y la Revolución de Octubre

Colonizados por el Imperio ruso y sometidos a un estatus de ciudadanxs de segunda clase, la mayoría de lxs musulmanes dentro de los dominios de Romanov dieron la bienvenida a la Revolución de Octubre. En Kazán, los periódicos como Süz, Il y Ang publicaron llamadas a lxs musulmanes rusos a unirse a la revolución y estar en el lado correcto de la historia. En Tartaristán y otras partes tártaras de Rusia, el movimiento Wäisi demostró ser un aliado clave del gobierno soviético al solicitar apoyo para la Revolución entre lxs musulmanes de Rusia, que en ese momento constituían el 10% de la población.

Mullanur Waxitov y Mirsaid Sultan-Galiev unirían varias facciones en guerra en el Comisariado Central Musulmán (MUSKOM), un movimiento comunista nacionalista autónomo que luchó del lado del Ejército Rojo en la guerra civil rusa. En el frente de Siberia del Este, la mitad de la división del Ejército Rojo era musulmana; la quinta división del Ejército Rojo estaba compuesta por el 70% de las fuerzas musulmanas. Para muchxs musulmanes marxistas, la Revolución de Octubre pronto se percibió como la hegemonía rusa revestida de una nueva ideología. Sus esperanzas de un futuro descolonizado resultaron imposibles en las manos de un proletariado metropolitano que replicaría las jerarquías imperiales.  Ya sea con la aprobación del comité central o no, las células bolcheviques y las milicias de los trabajadores aliados en las tierras fronterizas rusas llevaron a cabo violentas incursiones en ciudades musulmanas desde Akmolinsk hasta Simferopol, incendiando Kokand y masacrando a toda su población musulmana. Mientras tanto, en Tashkent, el presidente del Congreso de los Soviets argumentó que era imposible admitir a los musulmanes a los órganos supremos del Partido Comunista, ya que como musulmanes no poseían ninguna organización proletaria.

La negativa de lxs bolcheviques a reconocer a lxs musulmanes como proletarios dignos de llevar a cabo la lucha revolucionaria planteó un problema para el Sultán Galiev, para quien las masas musulmanas colonizadas, independientemente de su clase -con la excepción de los terratenientes feudales- eran todas proletarias. Argumentando que el verdadero potencial emancipador del socialismo solo llegaría a buen término si se llevara a cabo por el pueblo colonizado, la unificación de las masas musulmanas en un movimiento comunista autónomo eventualmente enfrentaría el neocolonialismo de los bolcheviques.

A principios de la década de 1920, la disidencia de los musulmanes, que habían apoyado plenamente la causa de la Revolución, se vio como una amenaza para la dictadura del proletariado recientemente establecida. Musa Jarullah Bigi, otro partidario abierto de la Revolución fue arrestado y finalmente exiliado; Sultan-Galiev ejecutado.

En el resto del mundo musulmán, notables eruditos islámicos como Rashid Rida simpatizaban con la Revolución y el surgimiento del socialismo como una forma de antiimperialismo.

Los movimientos anticoloniales en todo el mundo colonizado vieron esperanza en el nuevo gobierno soviético.

El Comité para la Defensa de Kosovo, por ejemplo, encabezado por el famoso imán albanés Kadri Prishtina, se acercó a la Komintern a través de Barjam Curri, quien en diciembre de 1921 le dijo al ministro soviético en Viena que el pueblo albanés esperaba impacientemente la determinación de sus fronteras con la firme convicción que Rusia soviética podría determinar las fronteras de Europa, especialmente en los Balcanes, de una manera justa. Como la dirección soviética se puso del lado de Yugoslavia, repitió su política interna de continuación de las constelaciones imperiales bajo el pretexto de la Internacional Socialista.

Cuando la guerra civil rusa llegó a su fin y el estado soviético se solidificó, el proyecto imperial de colonización de las áreas pobladas por musulmanes fue reemplazado por demandas de una transformación intransigente de los musulmanes en el nuevo hombre socialista. Los informes sobre las condiciones de lxs musulmanes dentro de la Unión Soviética comprometieron la posición de la Internacional Socialista y de la Unión Soviética como una idea unificadora viable contra el colonialismo tanto dentro como fuera del mundo musulmán.

No alineación y globalización socialista

Mientras tanto, en el bloque socialista, la transformación de lo que una vez pareció una alianza auspiciosa entre el socialismo y el Islam tomó varias vueltas después de la Segunda Guerra Mundial. Albania y Yugoslavia son ejemplares de este deterioro de las relaciones.

[Baba Faja Martaneshi con Clero Bektashi en Tirana después de la liberación, en 1945]

En Albania, una de las figuras más visibles de la lucha antifascista durante la Segunda Guerra Mundial fue Bektashi Baba Faja Martaneshi, un socialista sufí que no vio una contradicción sino una colusión en su lucha por la justicia social informada tanto por el Islam como por el socialismo. Borrado en la posterior historiografía socialista albanesa atea de la lucha antifascista, Martaneshi permanece en gran parte olvidado en la actualidad.

En la lucha antifascista yugoslava, la decimosexta brigada musulmana, liderada por Salim Ćerić y Muhidin Begić, desempeñó un papel clave en la liberación de Sarajevo de la ocupación fascista. Nurija Pozderac, miembro de la Organización Musulmana Yugoslava, se unió a lxs partisanos de Tito, convirtiéndose en el vicepresidente del Consejo Antifascista para la Liberación Nacional de Yugoslavia y murió luchando contra la Yugoslavia ocupada por los nazis.

[Primer aniversario de la decimosexta Brigada Antifascista Musulmana, 1944]

La entrada de Yugoslavia en la comunidad no alineada y su división del Pacto de Varsovia después de la Segunda Guerra Mundial creó oportunidades para que cientos de musulmanes yugoslavos viajen extensamente por los países recientemente descolonizados de África y Medio Oriente. Sus historias de diseño de arquitectura, construcción de carreteras, hospitales y transferencia de conocimiento en Libia, Líbano, Siria, Irak o Irán que sirven a las ambiciones no alineadas de Yugoslavia han sido bien documentadas; sus compromisos para construir nuevas comunidades musulmanas, publicar revistas y participar en los debates internacionales de la época esperan un estudio cuidadoso.

Aunque Yugoslavia fue considerada un modelo por su capacidad no solo para acomodarse sino para construir a partir de su diversidad religiosa, lxs musulmanes del país vieron su auto-posicionamiento internacional como hipócrita dadas las desigualdades rampantes que experimentaron en la casa, en el trabajo y en el espacio público.

Lxs eruditos islámicos, que van desde lo religioso a lo secular, no tenían una forma singular de comprometerse con el marxismo o expresar sus interpretaciones y prácticas del Islam bajo los regímenes socialistas.

Para lxs ciudadanxs musulmanes, el compromiso con el estado, el sistema y las cuestiones de fe variaba en todos los países socialistas. Para lxs musulmanes en Kashgar en China como para aquellxs en Kosovo en Yugoslavia, las cuestiones de los derechos étnicos a veces sobre determinaron la libertad religiosa. Para lxs musulmanes romaníes en la Bulgaria socialista, las cuestiones de raza y clase eran inseparables de las de la fe.

El reciente interés en la globalización socialista también ha tendido a ignorar el papel del Islam en la conexión de las periferias a través de conceptos de solidaridad compartidos por las enseñanzas islámicas y socialistas. Albania es un caso instructivo. A pesar de criminalizar la religión en 1968 y afirmar ser el primer país ateo del mundo, Albania, de Enver Hoxha, se comprometió, – impulsada por dinero chino-, a reavivar las relaciones con los países musulmanes del Tercer Mundo establecidas en las décadas pasadas, durante el tiempo de colonia del Imperio Otomano. Durante la revolución iraní, los funcionarios del partido se pusieron del lado de Jomeini, reconociendo la lucha anticolonial de la República Islámica como una causa justa.

Marxismo e Islam Decolonial

Durante la Guerra Fría en África, Asia y el Medio Oriente, el Islam marxista y decolonial estuvo en ese tiempo inseparable en las estrategias de lucha anticolonial, como Souleymane Bachir Diagne ha mostrado recientemente para Senegal, Siria, Egipto, Pakistán e Indonesia.

En ninguna parte fue esta intersección del Islam, el marxismo y la descolonización más visible que en Irán y Pakistán. Intelectuales iraníes como Jalal Al-e-Ahmad y Ali Shariati influirían en toda una generación de pensamiento islámico descolonial, ejemplificado por las obras de Hamid Dabashi, Houria Bouteldja, Selman Sayyid, Amina Wadud, Asma Barlas e Hisham Aidi, entre otrxs. En Pakistán, Zulfiqar Ali Bhutto estableció el Partido Popular de Pakistán con el siguiente lema: “El Islam es nuestra religión; La democracia es nuestra política; El socialismo es nuestra economía; el poder se encuentra con la gente”.

Quizás la más importante de todas las intersecciones, sin embargo, sigue siendo el Islam en la lucha del Black Power en los Estados Unidos. La resistencia musulmana al imperialismo llegó a ocupar un lugar central en la imaginación del movimiento Radical Negro en el 1950 y más allá. Permitió a generaciones de intelectuales, artistas y activistas negros construir un contrapunto al discurso dominado por los cristianos del movimiento de los Derechos Civiles. Lo que es más importante, le dio poder al movimiento para resistir la relegación de lxs negros a una minoría nacional marginada, y en su lugar entenderse como parte de una mayoría global conectada a vastas comunidades de resistencia.

La expresión de Malcom X a las obras de Abdul Rahman Hassan Azzam y su experiencia en el Hajj le permitieron dirigirse a las comunidades musulmanas así como al Partido Socialista de los trabajadores, una historia política resumida brillantemente por Sohail Daulatzai en “Black Star, Crescent Moon: The Muslim International y Black Freedom beyond America” y de Sherman Jackson en “Islam and the Blackamerican: Looking Toward the Third Resurrection.”

Registros socialistas y postsocialistas de la violencia

Los últimos proyectos socialistas de violencia en Yugoslavia, Afganistán y Chechenia han dejado una huella perdurable en las comunidades musulmanas y han dado paso a una narrativa maestra de opresión y violencia sobre todo. La tendencia más reciente en los espacios postsocialistas ha sido a veces recuperar ciegamente el pasado socialista después de tres décadas de interpretar todo bajo el socialismo como sombrío.

Atrapada en el atolladero de responder a la presión de separar los ideales socialistas de la asociación con el totalitarismo del siglo XX, y tratando de presentar una crítica contra las catástrofes del neoliberalismo, esta lectura nostálgica del socialismo es peligrosa ya que tiende a borrar las múltiples formas en que el socialismo indica que las comunidades marginadas, las comunidades musulmanas son un ejemplo entre muchos, en el que las realidades racializadas se incluyen en las clases. Un verdadero acto de solidaridad socialista sería enfrentar esas instancias en lugar de eludirlas o ignorarlas.

Los futuros socialistas permanecerán en horizontes distantes sin comprender a los súbditos colonizados, para quienes el pasado socialista ofrecía pocas esperanzas. Esto requeriría una seria disposición a lo que George Ciccariello-Maher llama “dialéctica descolonizadora”. Esto, como mucho, sugiere un gran comienzo para repensar las divisiones entre el socialismo y el Islam.

 

Piro Rexhepi es profesor e investigador post-doctoral en el Instituto Max Planck de Estudios Religiosos y Diversidad Étnica. Su trabajo de investigacion se centra en la política de sexualidad (post)socialista en Kosovo y BiH, el activismo LGBTQ en (post)Yugoslavia, Islam en Europa del Este, orientalismo y homonacionalismo.

Ajkuna Tafa  es profesora asociada en la Facultad de John Jay, Nueva York, donde imparte clases de comunicación pública sobre la justicia social. Formada como antropologa, su trabajo de investigación incluye la decolonialidad y la raza dentro de la globalización socialista durante la Guerra Fría, particularmente las nociones raciales que marcaron las relaciones entre China y Albania  en la víspera de la Revolución Cultural.