Sirin Adlbi Sibai

[foto: Presentación de Sirin Adlbi Sibai en México de su libro “La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico descolonial” con Gabriela González, Enrique Dussel y Karina Ochoa.]

La conciencia del “no-ser”, es -paradójicamente- un ejercicio productor de existencia, porque ser conscientes de que hemos sido construidos como “sub-humanos” y como “no-existentes”, nos va abrir la puerta a poder concebir nuevas cartografías de luchas y resistencias desde una redefinición de quienes somos, y desde el pleno conocimiento de cómo hemos sido construidos.

Reflexión situada y denuncia sobre los hechos acontecidos en Siria

Antes de comenzar la presentación de su libro, la autora hace una breve puntualización en torno a su lugar de enunciación: “yo soy española, española de exilio, de exilio porque mis padres en los años 70 fueron exiliados de su tierra, Siria. Entonces yo soy española de exilio, soy marroquí por adopción, porque mi pareja es marroquí, porque llevo 6 años viviendo en Marruecos, pero soy Siria de alma, de resistencia, soy Siria de lucha”.

Seguido de esto, realiza una denuncia frente a la masacre cometida contra el pueblo Sirio en las ciudades de Idlib y Khan Sheikhoun, días antes de su presentación de México. Una guerra perpetuada por distintos actores y que está generando un holocausto y genocidio contra su pueblo; “creo que recordar a Siria es hablar del corazón de la colonialidad, porque la colonialidad no son solamente una serie de genocidios históricos, sino, que estamos hablando de los genocidios que estamos viviendo hoy en día, la aniquilación, el genocidio de los pueblos sub-humanizados, subalternizados”.

A continuación se transcribe la presentación que realiza la autora del libro:

La cárcel de feminismo, hacia un pensamiento islámico decolonial

Soy consciente de que es un título sumamente impactante, pero creo que hace falta este impacto, hace falta un shock, hace falta generar toda una serie de debates urgentes, muy necesarios hoy en día y, que nos hagan cuestionar todos los discursos que nos hemos habituado a manejar respeto a las mujeres, al feminismo y al Islam, los cuales tienen consecuencias devastadoras para millones de mujeres en las sociedades con mayoría de población árabe musulmana.

La palabra “cárcel” dentro del título, hace referencia a uno de los conceptos que desarrollo: cárcel epistemológica-existencial, espacio temporal y estética. Quisiera destacar que el objetivo principal de este ensayo es llamar la atención frente a la necesidad de trascender a todos los discursos que existen hoy en día -a pesar de su amplia heterogeneidad y complejidad de las distintas perspectivas-, sobre feminismo e Islam. En 1999 Hiadeh Moghissi comienza hablar del oxímoron refiriéndose al feminismo islámico, es decir, un concepto que sería o estaría formado por términos antitéticos e incompatibles. A partir de este momento “todos” los discursos que van a acercarse al tema del feminismo e Islam van hablar de la incompatibilidad entre ambos conceptos, yo no quiero hablar de la incompatibilidad ni quiero hablar de la compatibilidad, yo quiero trascender los términos en que se está tratando esta cuestión. Quiero llamar la atención sobre las estructuras coloniales, muy peligrosas, que existen en esta conceptualización. Con este objetivo voy a redefinir dos cuestiones que son las que habitualmente, desde los diferentes movimientos de mujeres musulmanas, dicen van a luchar contra ellas: la islamofóbia y el patriarcado árabe y musulmán.

Voy a comenzar redefiniendo la Islamofóbia, y lo voy hacer desde la decolonialidad. Redefino la islamofobia como un dispositivo (tomando el concepto de Agamben que hace referencia a lo discursivo y no discursivo) del poder colonial. A partir de esta redefinición de islamofobia como un dispositivo del poder colonial -y que desde el año 2006 el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel la comenzó a plantear desde esta perspectiva decolonial-, vamos a superar los debates polarizados a través de los cuales se ha abordado. Para algunxs un fenómeno viejo, es decir, una serie de estereotipos negativos enraizados históricamente que anularían la posibilidad de crear leyes para luchar contra la misma. En contrapartida, otrxs lo consideran un fenómeno nuevo, y que por lo tanto estaría completamente desconectado de otras formas de discurso islamófobos u orientalistas que han aparecido a lo largo de la historia.

Desde la decolonialidad podemos superar esta perspectiva, porque la islamofobia es tanto un fenómeno viejo como nuevo. Es un fenómeno viejo porque subyace a estructuras de poder coloniales que tienen más de 500 años de existencia, porque surge con el despliegue de lo que Ramón Grosfoguel llama el sistema mundo moderno colonial, capitalista patriarcal, cristiano céntrico, occidentalocéntrico , blanco y militar, y que voy a resumir en el “imperio de la anulación de lxs otros”. Y es un fenómeno nuevo porque la islamofobia va a nutrirse de toda una serie de discursos que van a surgir con el fin de la post-segunda guerra mundial; toda esta serie de discursos que van a estar al interior de lo que yo he llamado “cárcel de lo epistemológico existencial, espacio temporal y estética”, Podríamos ir complejizando este concepto e ir añadiendo diversas estructuras carcelarias para tener un panorama claro de lo que significa esto de una cárcel en la que estamos insertos todas y todos. Primero, esta cárcel epistemológica/existencial que va imponer el sistema mundo moderno/colonial, hace referencia a un espacio amplio y con una amplia heterogeneidad a su interior, pero que en última instancia va a ser una cárcel porque va a imponer rejas de manera violenta, que van a limitar las formas de imaginar, de pensar, de sentir, de ser y de estar en el mundo. Esta cárcel nos va a imponer quien puede hablar, cómo se puede hablar y sobre qué temas se puede hablar en concreto. Dentro de esta cárcel encontramos discursos como los del desarrollo, y del género/desarrollo; encontramos discursos que van a adoptar, en la mayoría de las ocasiones, marcos binarios y antitéticos, identidad/alteridad, desarrollados/subdesarrollados, desarrollados/bárbaros, metrópolis/colonia, democráticos/oscurantistas-terroristas. Todos estos discursos se van a articular en torno al mercado capitalista global, a la idea de raza y al sistema de sexo-género y van a generar toda una serie de jerarquías globales de sexo-género, jerarquías económicas, jerarquías lingüísticas, jerarquías epistémicas, jerarquías filosóficas, etc.

Concretamente dos de los discursos binarios más importantes a la hora de construir la islamofobia, y que trato ampliamente en el libro, son la tradición/modernidad, religión/secularización, pero hay otros discursos que también han sido muy importantes en la generación de esta islamofobia. En 1949, como escribe Arturo Escobar en su “Invención del tercer mundo”, de golpe y porrazo 2000 millones de personas se van a convertir en seres subdesarrollados. El discurso de investidura del presidente Truman va a dar entrada a la era del desarrollo, poniendo fin de la era del colonialismo, es decir, ya no vamos a hablar de metrópolis/colonia, civilizados/bárbaros. A partir de ahora vamos a hablar de desarrollados/subdesarrollados, se van a transformar las formas político-administrativas y discursivas, pero, sin embargo; se van a mantener las mismas estructuras jerárquicas de dominación y de colonización. Veinte años después, en 1979 vamos asistir al nacimiento de los discursos: mujeres y desarrollo y posteriormente género y desarrollo. Ahí surge lo que Chandra Mohanty va a llamar “mujer prototípica del llamado tercer mundo”; simplificando y reduciendo realidades heterogéneas y complejas a un imagen de mujeres pobres, retrasadas, analfabetas, subdesarrolladas, sexualmente reprimidas.

En esta cárcel, también nos vamos a encontrar con los discursos orientalistas que ya analizó y describió Said. Sin embargo Eduard Said va a ser poscolonial, no va a ser decolonial; esto significa que Eduard Said concibe que el colonialismo y la colonialidad van a ser una consecuencia de la modernidad; en cambio nosotros decimos que la colonialidad es intrínseca a la modernidad, es su otra cara y por lo tanto es insalvable la modernidad y tenemos que trascenderla.

Todos estos discursos van a nutrir la islamofobia, la cual esta triplemente generizada. Aquí planteo algo diferente a lo desarrollado por Jasmin Zine, quien habla de una tipología específica de islamofobia, denominada islamofobia de género, refiriéndose a un tipo de islamofobia que va afectar en mayor medida a las mujeres respecto a los hombres. Pero yo no planteo esto, pues yo señalo que no hay islamofobia sin género, el género atraviesa transversalmente toda la construcción de la islamofobia y además lo hace triplemente. Desde el punto de vista de quién genera la islamofobia, desde el punto de vista de cómo se genera esta islamofobia, y en tercer lugar sobre quién va a incidir la islamofobia en mayor medida.

En primer lugar, quien va a generar esta islamofobia es el sistema mundo moderno/colonial; un sistema global intrínsecamente sexista, patriarcal, machista y racista que va a instituir e instrumentalizar la sustracción y transferencia sistemáticas de los bienes culturales, materiales, espirituales, estéticos, de dos terceras partes de la humanidad hacia una minoritaria tercera parte de la humanidad para su beneficio y para su privilegio, atravesado por una serie de discursos binarios y antitéticos. Por lo tanto, es un sistema que funciona de manera sexista y patriarcal.

En segundo lugar, cómo se genera esta islamofobia, me planteo el concepto de “no-sujeto”, un objeto colonial de estudio, catalogación, categorización e intervención que es esa mujer musulmana con hijab. Ese “no-sujeto” va a tener existencia solamente en la razón colonial imperial, y va a tener una triple funcionalidad: nos va a reducir, simplificar y, construir en -lo que Lila Burgos llamará- un área cultural. Va a reducir las complejísimas, inabarcables y heterogéneas realidades de más de 1600 millones de musulmanas y musulmanes en el mundo, con una infinidad de maneras de comprender el islam y de ponerlo en práctica. Musulmanes pertenecientes a todos los países del mundo, es decir, con todo tipo de culturas, que hablan todos los idiomas del mundo, que pertenecen a diferentes etnias y realidades muy complejas. La mujer musulmana con hijab va a tener una triple funcionalidad:

  1. Invisibilizar y silenciar las agendas geopolíticas, geoeconómicas y geoestratégicas de las potencias coloniales/imperiales. Cuando en nombre de la liberación de unas mujeres musulmanas, van a Irak, Afganistán o Mali, lo hacen a través de sus bombardeos, asesinatos, violaciones, destrucción de los países y de sus infraestructuras.
  2. Invisibilizar la responsabilidad directa de estas potencias coloniales/imperiales en la generación de guerras, crisis, hambrunas y dictaduras que ellos han financiado y han perpetuado en el poder en los países de mayoría de población árabe y musulmana.
  3. La imagen de esa mujer musulmana con hijab va a tener un efecto búmeran, tal y como señala Mohanty, porque nos van a devolver la imagen de una mujer occidental muy libre, liberal y liberada y eso nos va a silenciar e invisibilizar.

Por tanto, la islamofobia y sus consecuencias nos llevan a replantearnos todas las luchas que tenemos como mujeres, y sobre todo las mujeres muslmanas. Pues bien, es necesario reflexionar sobre el patriarcado, en particular sobre el concepto del patriarcado árabe musulmán. Esto lo voy hacer dialogando críticamente con una de las pensadoras que admiro profundamente y critico, estoy hablando de Fátima Mernissi.

Voy a comenzar con su libro “El Harem en Occidente”. En éste, ella plantea que podemos hablar de diferentes tipologías de patriarcado en unas y otras sociedades. Su análisis lo realiza de manera brillante a partir de la figura de Sherezade, la cual tiene un potencial político de resistencia muy importante en la cultura islámica. Pero esta figura se va a traducir, en los cuadros orientalistas y en la literatura orientalista europea, en una esclava sexual desnuda completamente desprotegida, siempre dispuesta y esperando a que su amo aparezca para servirle. Para Mernissi esto sucede por la concepción que existe del sujeto femenino en las culturas occidentales, en contraposición con lo que ella llama Oriente (con toda la problemática que tiene esta categoría, pero que ella lo denomina así). Señala que mientras el patriarcado en las sociedades occidentales se traduce en términos temporales, en las sociedades de población árabe musulmana, ese patriarcado se va a traducir en términos espaciales, pues la concepción que existe del sujeto femenino es la de un sujeto político resistente, con un poder tan fuerte que habría que contener y relegar; por eso ella habla de patriarcado espacial, habla del harem, habla de los muros, de esas mujeres que hay que esconder, relegar y controlar.

El patriarcado occidental se traduciría en términos temporales, porque esa representación de Sherezade silenciando todo ese potencial, ignorándolo y posibilitando esa representación como una esclava sexual, sin ningún tipo de resistencia, tumbada, desnuda en los cuadros orientales, tiene que ver con la concepción del sujeto femenino en la civilización occidental, que es la concepción de un “no-sujeto”, la concepción de una mujer encerrada desde que es niña, por eso ella habla de la talla 38, talla 36 en algunos países.

Mi crítica a Fátima Mernissi, es que ella no tuvo en cuenta lo que voy a llamar la “colonización del patriarcado occidental” sobre el “patriarcado en las sociedades árabes musulmanas”. La colonización del patriarcado occidental sobre el resto del mundo, que comenzó con el despliegue del sistema mundo moderno/colonial y, que va a transformar por completo todas las estructuras de poder existentes en los diferentes pueblos a nivel global. Pues bien, donde existían otras estructuras de dominación, masculina en algunos sitios, femenina en otros, o incluso otras diferentes a éstas; con la colonización occidental, en lugares donde no había estructuras de dominación masculina, se va a imponer el patriarcado; allá donde había estructuras patriarcales ancestrales, como puntualiza Aura Cumes, con la colonización occidental esas estructuras preexistentes se van a reforzar. Es eso lo que ha sucedido en las sociedades de mayoría árabe musulmana: las estructuras de dominación masculinas ancestrales preexistentes con la colonización occidental se van a reforzar; por lo tanto este engendro patriarcal -que podemos observar hoy en las sociedades de mayoría de población árabe musulmana- es fruto de esa colonización y patriarcalización.

Por eso que nosotras como mujeres musulmanas, cuando vamos a hacer una crítica y vamos a diseñar luchas de emancipación y de liberación contra los patriarcados en las sociedades árabes musulmanas, no podemos hacerlo sin hablar del patriarcado occidentalocéntrico, capitalista, cristianocéntrico; si no, lo que estamos haciendo son unas críticas patriarcales del patriarcado, o luchas islamófobas contra la islamofobia.

Entonces, ¿Cómo podemos romper la cárcel epistemológico-existencial espacio temporal y estética?, ¿cómo podemos salir de este cerco ideológico, conceptual, epistemológico, ontológico, filosófico, existencial?

Es aquí donde planteo el concepto “la conciencia del no-ser”, una conciencia profundamente desgarradora y dolorosa, porque no es fácil ser consciente de que “no-somos” como pueblos colonizados, porque no existimos en la concepción occidental del “ser”. Por lo tanto, no podemos dialogar porque simplemente no existimos en esa concepción occidental del ser; estamos todas y todos insertos en un monólogo genocida y epistemicida; nuestra salida a ello es la “conciencia”.

Pues bien, la conciencia del “no-ser”, es -paradójicamente- un ejercicio productor de existencia, porque ser conscientes de que hemos sido construidos como “sub-humanos” y como “no-existentes”, nos va abrir la puerta a poder concebir nuevas cartografías de luchas y resistencias desde una redefinición de quienes somos, y desde el pleno conocimiento de cómo hemos sido construidos. Pero también, cómo desde estas definiciones se ha justificado racionalmente nuestra aniquilación/genocidio: porque ellos son “terroristas”, están en contra de nuestros valores, de nuestra democracia, son una “amenaza” a nuestra civilización.

La conciencia del “no-ser” nos conduce a otro ejercicio que necesitamos hacer: “introspecciones dialógicas interculturales”. Ello lo debemos hacer desde espacios no-mixtos, porque necesitamos mirarnos hacia nosotrxs mismxs, comprender quienes somos y cómo hemos sido construidos por esas estructuras jerárquicas del poder. Este es el camino para dirigirnos a lo que Enroque Dussel llama. “diálogos pluriversales trans-modernos”, o lo que De Sousa llama “ecología de saberes”.

Desde el pensamiento islámico decolonial, en este ensayo planteo un concepto islámico como forma de contribución a este “diálogo trans-moderno pluriversal”. Me refiero al Tawhid, el cual hace referencia a la unidad y unificidad de lo heterogéneo. Desde este concepto nosotrxs podemos superar el concepto de “identidad” occidentalocéntrico, es decir, el “yo soy desde lo que tú no eres” o “yo soy a partir de tu aniquilación”. De ahí que seres humanos, seres no humanos y la naturaleza, formamos parte de lo mismo: La Vida. Ello nos permitirá superar el pensamiento abismal, occidentalocéntrico y productor de inexistencia y sub-humanidad; vamos a poder ubicarnos en situación de igualdad, semejanza o semejantes. Entonces a partir de aquí sí vamos a poder ejercer esos “diálogos trans-modernos decoloniales”. Porque, como se puede observar en la teoría del “diálogo intercultural” o “transcultural” de Césaire en su “Discurso sobre el colonialismo”, las condiciones para que este dialogo se realice son: la igualdad de los diferentes actores que van a ejercer ese diálogo, la voluntariedad para ejercer ese diálogo, y la conciencia de estar ejerciendo ese diálogo. Asimismo y más allá de hablar de la universalidad heterogénea, asumiendo la crítica del profesor Enrique Dussel, voy a plantear la unificidad del pluriversalismo, pues es aunificidad nos une a todas y todos desde esa concepción de la existencia, en tanto existente, con posibilidad de existir.

A partir de aquí voy a calificar los feminismos islámicos a pesar de su heterogeneidad. En el libro planteo el caos terminológico que existe sobre la categorización y conceptualización de los diferentes movimientos de mujeres árabes y musulmanas: feminismos árabes, feminismos islámicos, islamismos, etc.-

Yo realizo una crítica a quienes asumen los feminismos islámicos, es decir, las mujeres que se autodefinen como feministas islámicas y que son mis compañeras y amigas y con las cuales comparto mucha de la producción que han hecho, pero que las critico también fuertemente. Entonces yo les digo: el concepto de feminismo islámico es un concepto colonial, porque el feminismo es un concepto occidentalocéntrico y cristianocéntrico que asume una epistemología, ontología y cosmovisión concreta, la cual ha sido universalizada e impuesta al resto de la humanidad desde una falta objetividad. Si estuviésemos en un lugar de diálogo (cosa que no es, pues estamos en el lugar del monólogo), sí podríamos hablar de la posibilidad de interactuar y generar desde la voluntariedad, libertad e igualdad un diálogo que permita acabar en algo que pudiésemos llamar “feminismo islámico”, pero no estamos en el diálogo. Estamos en el lugar del monólogo epistemicida y genocida que ha utilizado precisamente los discursos del género y el desarrollo para hacer una agenda en torno a las masacres, extractivismos, etc., a los que hemos y estamos asistiendo. Por eso es que realizo una crítica a los feminismos islámicos, y es por eso que abogo por un “pensamiento islámico decolonial”, que nos lleve primero a una conciencia del “no-ser”; pero también a una conciencia de cuáles son las implicancias de todas y cada una de las palabras que utilizamos a la hora de ejercer la enunciación, sobre todo pensando a la hora de reinsertarnos en una posible existencia, de construirnos de nuevo como seres existentes.

[…] Pienso que es hora que nos giremos un poco y dejemos de mirar tanto hacia el Norte, o dejemos de mirar al Norte. Creo que es el momento de girarnos hacia aquí, y pienso que es aquí dónde puede darse el diálogo, en contraposición con el monólogo, – hacia arriba de momento sólo hay monólogo. No estoy negando la posibilidad de diálogos críticos con un Norte que quiere asumir lo que ha sido y lo que es, y ahí está Boaventura y Montse Galcerán y otras muchas compañeras. Estoy diciendo que ahora el diálogo está entre nosotrxs, entre este Sur, y creo que precisamente este diálogo surge de la herida colonial, es decir, de cómo nosotrxs hemos vivido esta colonización. Por tanto, si bien yo me he inspirado fuertemente y he partido de la brillante crítica a la modernidad occidentalocéntrica que se ha generado aquí, por parte de lxs pensadores de Abya Ayala, yo hablo desde mi ubicación como árabe y como musulmana, como mujer árabe y musulmana. Desde nuestras diferentes ubicaciones en estas cartografías del poder, es necesario reflexionar sobre cómo o cuando vamos acabar de construir ese cuadro de la colonización, para así llegar a comprender plenamente que es lo que ha significado la colonización de nuestras realidades y sigue significando hasta el día de hoy en nuestro lenguaje, en toda nuestra vida y en nuestra existencia. Entonces, por ejemplo cuando se habla aquí que en las Américas se utilizaron las técnicas de occidentalización y orientalización a la población en general, la diferenciación extrema con respecto a lxs indígenas, la orientalización con respecto a lxs árabes y musulmanes. Creo que tenemos que complejizar esto, tal y como lo escribieron algunas autoras. Por ejemplo Aída Hernández Castillo critica a Mignolo cuando habla sólo de la occidentalización y dice que no, resulta que la orientalización se utilizó para con lxs indígenas y también con respecto a los países árabes musulmanes, entonces tenemos que aprender mutuamente como ha funcionado esa colonización para saber, si no, cómo vamos a luchar contra algo que no conocemos? Tenemos que conocer plenamente esta colonialidad y esta colonización para poder luchar contra ella, y solamente es a través del diálogo entre nosotros los pueblos colonizados, podemos llegar a retroalimentarnos, comprender la colonización plenamente y entonces pensar en luchas no únicas sino unificadas contra esa colonización.

Sirin Adlbi Sibai (Granada, 1982), pensadora musulmana decolonial. Arabista y especialista en Teoría Política. Miembro del equipo de investigación del TEIM-UAM. Activista sirio-española opositora a la dictadura siria. Autora de numerosos artículos sobre feminismo e Islam, revoluciones árabes, islamofobia y pensamiento decolonial, así como del libro “La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial” (Akal, 2016).